Ojeando, que no leyendo todavía, un libro sobre la estupidez humana me ha venido a la mente la mía propia. Definitivamente sí, soy estúpida, no uso mi inteligencia como debiera y vuelvo (y he perdido la cuenta ya) a tropezar, otra vez, con la misma piedra, una piedra que está empezando a convertirse en montaña porque hay veces que ya ni siquiera soy capaz de esquivarla, la veo, pero sigo tropezando.
No se ya por dónde empezar, no se ya que pensar o dejar de pensar, siempre cuando mejor creo estar, zas y otra vez la herida que sangra.
Mi estupidez me lleva a creerme las buenas palabras, las sonrisas, las caricias y los besos, pero cuando me voy a dar cuenta ya es tarde para ver que todo está en mi mente, que todo es producto de mi estúpida imaginación. Lo peor es que me lo volveré a creer todo otra vez, y no hará falta que pase demasiado tiempo.
Y es que la capacidad que tenemos para dirigir nuestros comportamientos, usando la información captada, aprendida, elaborada y producida por nosotros mismos, o lo que es lo mismo nuestra inteligencia, falla más que una escopeta de feria, y siempre es demasiado tarde.
Definitivamente soy y somos estúpidos y o mucho me equivoco o nunca seré capaz de aprender de una puñetera vez a no rallarme, a no equivocarme y sobre todo a no tropezarme con esa montaña llamada x, que yo simplemente llamo mi vida.
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