domingo, 7 de febrero de 2010

Everything changed

Vuelvo a recordar, pero esta vez con una sonrisa enorme, momentos pasados, mi época loca, veo fotos antiguas y me doy cuenta lo muchísimo que he cambiado, por suerte para mejor, y todo el tiempo que ha pasado.

Veo vídeos y me rio, me rio muchísimo, que cosas hacía, que locuras más grandes se comenten en años adolescentes. Me acuerdo de frases, de momentos en los que simplemente hacíamos el tonto, porque no se le puede llamar de otra forma.

De cómo escapaba de las maravillosas clases de filosofía, de cómo estábamos ahí en la esquina, como si fuéramos eso, chicas de las esquina, de cómo pasábamos del mundo y el mundo pasaba de nosotras, y sobre todo de lo felices que éramos en esa época.

Es curioso, los años más felices de mi vida, son mis mayores fracasos profesionales, pero los momentos con más recuerdos bonitos, graciosos, agradables y de esos que cada vez que pasan por tu cabeza hacen que te rías muchísimo de las cosas que llegaste a hacer en ciertos instantes.

Tampoco se me olvidará nunca esa noche del 30 de mayo, ahogando nuestras penas en alcohol y fiesta y andando descalzas, porque ya no podíamos más con los tacones a las tantas de la madrugada por la Rambla.

Son momentos, como tantos otros en los que te das cuenta que fuiste y eres feliz, aunque haya otros en los que crees que la vida es negra y todo lo que te pasa es lo peor del mundo. En esos momentos de soledad y pena es cuando más hay que acordarse de esos otros que te provocan las sonrisas y si por qué no, las lágrimas de felicidad.

¿Qué es la vida sino una suma de recuerdos?

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