martes, 20 de octubre de 2009

The smile

Ella sonreía cada vez que veía algo que tuviera que ver con él. Era un recuerdo en su mente de una noche de verano, pero lo tenía clavado como una espina en su corazón.
Habían pasado ya cinco años y ella seguía anhelándole como si hubiera sido ayer, no era su cara lo que le traía tantos recuerdos, sino esa sonrisa que hacía que el cielo nublado se volviera soleado, que la noche se volviera día, esa maravillosa dentadura blanca como el nácar, que lo iluminaba todo.
Tenía la imagen tan clara y tan perfecta que siempre que conocía a alguien creía ver esos dientes, esa sonrisa. Nunca más volvió a ver nada parecido, nunca más lo olvidó.
Era solo una niña cuando le conoció, no contaban con más de diez años, pero para ella lo significó todo. No se acuerda de un nombre, ni siquiera de la mirada, en su mente sólo estaba esa sonrisa.
Un día paseando por la calle, en un día gris, triste, no lo estaba pasando bien, volvió a verle, estaba sentado en un banco en el parque, escuchando música con su mp3, y sonriendo a una niña que jugaba, se paró en seco y le vio, si, era él, era la sonrisa que tanto anhelaba, era ese recuerdo imborrable de su mente y de su corazón.
De pronto dudaba, no sabía qué hacer, era su oportunidad o ahora o nunca. Si no la aprovechaba nunca más volvería a ser feliz realmente, nunca más olvidaría ese recuerdo que tantos años le duraba, y por fin se armó de valor y se acercó.
A su lado el banco estaba vacío, allí se sentó y disimulando se puso a observar a los niños que jugaban, sobre todo a una niña, preciosa, perfecta, con unos ojos claros enormes y el pelito rizado, ¿y si alguno era su hijo?, ¿y si estaba casado? ¿Y…?.
Dudó y mucho, su corazón decía que se le acercara, que preguntara que hiciera algo, pero su fría mente le decía lo contrario.
Por fin, se armó de valor y le dijo: hola, ¿te acuerdas?, verano del 95, playa de Gandía, soy Carla.
Él la miró, y sin dudarlo se abalanzó sobre ella y le abrazó. “Nunca te había olvidado, tus ojos quedaron clavados como flechas en mi corazón, nunca pensé que volvería a verte”.
Ninguno era su hijo, no estaba casado, siempre había estado esperando el momento en que esa mirada se cruzara con esa sonrisa.
Y esperando, esperando, se dieron cuenta que no hace falta tener prisa, solo esperar y que la vida te haga cruzarte con él o con ella en el momento preciso.

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