sábado, 17 de octubre de 2009

Little Rose

He vuelto al pasado, durante un momento, pero he vuelto a ser pequeña. La niña que supongo que todavía llevo dentro ha salido a relucir. He disfrutado. Por un segundo mi mundo se ha parado cual niño con zapatos nuevos, sí, como una niña.
He vuelto a ver dibujitos como yo les llamaba, he vuelto a recordar a Punky Brewster, a las mañanas eternas de verano pegada a ese viejo cacharro que sin darnos cuenta nos hace tan felices.
He vuelto a recordar a mi madre diciéndome que dejara la tele que ya era suficiente por hoy.
He visto a mi padre leyéndome cuentos antes de dormir, siempre era yo la protagonista, la princesa que termina felizmente con su príncipe, cuentos que continuaba en mis sueños.
He visto a Peter Pan, a Wendy, a Campanilla y a todos los niños perdidos, mi película preferida que mi madre tuvo que guardar porque la cinta ya estaba rallada de tanto rebobinarla, que lejos queda eso del VHS.
Me he acordado de mi Nancy, de mi Rosaura y del Action Man que le quitaba a mi hermano para que hiciera de Ken.
Me han dolido las rodillas al acordarme de todas las caídas, de cómo aprendí a montar en bici, cayéndome una y mil veces, pero nunca me daba por vencida, así era todo como un juego, te caías y te volvías a levantar, como debería de seguir siendo hoy. Nada nos dolía, éramos de hierro, nada nos distraía del juego.
He vuelto a recordar esa época de mi vida, en la cual todos somos tan inofensivos, tan ilusos que no nos damos cuenta de nada, pero por eso mismo somos tan felices.
Con cinco años no sabes lo que es una ralladura, una traición, la tristeza… con cinco años una ralladura significaba el que no te escogieran el primero en el equipo para jugar al futbol o al balón prisionero. Una traición significaba que tu amigo no te diera la mitad de su chuchería. Que tu amiga te dijera “no te junto” te provocaba una tristeza tan inmensa que parecía que se caía el mundo, cuando al minuto ya se había olvidado todo.
Con cinco años no sabes lo que significa la palabra envidia, y el mundo se acababa con un simple castigo en el recreo.
Me acuerdo de las horas y horas que me tiraba sin pensar ni hacer nada, cuando ahora en cinco minutos puedo cambiar toda mi existencia.
Me he vuelto a comprar gomitas con el duro que me había dado mi abuelo. Mi padre me ha vuelto a comprar la bolsa gigante de gusanitos que sólo costaba cinco duros.
He encontrado mi walkman y he vuelto a escuchar mi cinta de las Spice Girls, bailando a la vez como una loca.
He vuelto a construir una cabaña para refugiarme de los malos, con dos palos y dos plásticos viejos.
Me he dado cuenta que vivir sin ordenador es posible, ya que yo lo hacía.
Y recordando y recordando me he dado cuenta que tampoco ha pasado tanto tiempo, sólo 19 años, y, son un mundo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario