“…Ojos que hacen bajar los nuestros, una risa que se pierde sobre su boca, he aquí el retrato sin retoque del hombre a quien pertenezco.
Cuando me toma en sus brazos, me habla en voz baja, veo la vida en rosa, me dice palabras de amor, todos los días palabras y más palabras y eso hace que sienta algo muy fuerte.
Está dentro de mi corazón, siento una felicidad enorme de la cual conozco el motivo, él es para mí y yo para él, para toda la vida. Me lo dijo, lo juró por la vida y en cuanto lo percibo, entonces siento en mí, mi corazón latir...
Noches de amor, terminar sin más, una gran felicidad, no hay problemas, todas las penas se borran, soy feliz, feliz a morir…”
Me encantaría que estas palabras fueran mías, que yo las sintiera, que yo deseara todo eso, pero simplemente es un fragmento de la “vie en rose”.
Pero también he de decir que yo también tengo mi propia “vie en rose” y en ésta también está llena de felicidad, amor y cariño aunque no siempre es así.
Todavía sigo dándole vueltas a esa frase que escuché, “La vida no es más que una suma de recuerdos” y los míos últimamente son increíbles, mágicos, preciosos, sinceros…
Vuelvo a subirme en el carrusel, en la noria en la que desde hace un año se ha convertido mi vida, y otra vez retorno a la realidad, estos tres días no han sido sino un sueño dulce y placentero del que no me hubiera gustado despertarme, pero la vida es así.
Todo volverá a quedar en el recuerdo, mi recuerdo, mi “vie en rose”.
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