viernes, 15 de enero de 2010

In an old train station...

Me encuentro perdida, vagando sin rumbo en medio de la inmensa multitud, espero con ansia la llamada que me diga que el tren que espero se encuentra estacionado en su vía. A lo lejos veo un matrimonio y me fijo, están discutiendo: -Te dije que tu maleta era demasiado grande. Tan sólo nos vamos un fin de semana, ¿para qué quieres tantas cosas?- Oigo decir al marido. La mujer con cara de desesperación y sin ganas de explicaciones solo es capaz de responder: -Por si acaso, cariño.-


En otra esquina de la antigua estación, gris, con piedras enormes  en las cuales se puede disipar el paso del tiempo, observo a un chico alto, rubio que impaciente mira a su reloj; deduzco que se encuentra en la misma situación que yo: esperamos a alguien.


Vuelvo a ausentarme de la realidad y a sumergirme en mi mar de dudas; ¿haré bien esperándole? ¿Seguirá todo igual después de tanto tiempo separados?


Por fin, un sonido atronador para mis tímpanos hace que vuelva a la realidad y despierte de esa ausencia que me producen las dudas. El megáfono de la estación con voz femenina me anuncia que en el andén número 7 acaba de llegar el tren procedente de Brujas, y con él la persona a la que llevo esperando desde hace un año, tres días y siete horas.


De repente me encuentro con su sonrisa y siento sus brazos fuertes rodeándome, mi corazón late con fuerza, todo sigue exactamente igual, vuelvo a darme cuenta que el tiempo se para y que estamos solos él y yo en medio de la inmensa multitud de esta vieja, pero bonita, estación de ferrocarril.

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