viernes, 29 de enero de 2010

Happiness by the face

Hoy es una de esas noches que sin saber ni cómo ni por qué me pongo a sonreír. Sonrío de felicidad, por un lado por el trabajo bien hecho: ha sido un día de estudio bastante efectivo, cualquiera lo diría, he escrito un artículo del que la verdad estoy (un poco) orgullosa de mí y a parte estoy empezando a planear algo que se augura será muy bonito.

Así que pienso en que todos los finales de un día podían ser así; te vas a la camita con un sabor dulce y con una sonrisa, algo que seguro hará que tengas unos bonitos y placenteros sueños.

Pero aunque el sueño esté ya pudiendo conmigo, no quiero que me venza, quiero seguir disfrutando de este momento de paz y tranquilidad y sobre todo de felicidad. Por qué si, un día en la soledad del estudio y de un hogar en el que pareciera que vives sola, puede tener un final feliz y no solo un dolor de cabeza (que también).

Quiero seguir soñando despierta y que cada vez que me acuerde sonría yo sola, que esa ilusión que hace tiempo describí me invada todo el cuerpo y haga que mi pulso se me acelere poquito a poco, que me imagine fotos, imágenes, paisajes, momentos, risas, locuras… felicidad. Y que me entren las ganas de que este tiempo que tanto odio por qué no, podía acelerarse un poquito sólo y regalarme unos momentos futuros que tan sólo me conformaría que pasaran por mi cabeza.

Y después de tanta parrafada happyflower me estoy dando cuenta que a lo mejor este sueño que me está venciendo, también me está haciendo delirar un poquito, pero sólo un poquito.

sábado, 23 de enero de 2010

Again and again

Otra vez enero, otra vez agobios, tensión, nervios y otra vez los temidos exámenes a la vuelta de la esquina. Realmente creía que este año iba a ser todo diferente, que como me gustaba me iba a costar menos estudiar, concentrarme y aprendérmelo. Pero da la fatídica casualidad que de las asignaturas que realmente me gustan, las que son de periodismo autentico no tengo exámenes y sí, de las demás que sinceramente ni me interesan ni se me dan bien.


Me había propuesto que este año todo sería diferente, pero a estas horas de la noche y en este plan me están viniendo a la mente recuerdos del año pasado. De esos momentos en los que intentaba con todas mis fuerzas que algo se me metiera en esta maldita cabeza que tengo e intentar que por lo menos algo me saliera bien, pero todos los esfuerzos fueron absurdos, he ahí el resultado final.


Y ahora mismo vuelvo a estar en la misma situación, la maldita sociología (nueva forma de llamar a la filosofía) me está empezando a llevar por el camino de la amargura, que leche me importará a mi si Foucaut pensó esto o Saint-Simon lo otro, a mí lo que me interesa es escribir reportajes, artículos, noticias y aprender a hacerlo bien.


Pero la vida es así y nunca por mucho que realmente creas que estas estudiando lo que te gusta, te gustará del todo, siempre habrá algo por ahí que haga que maldigas mil veces la universidad y tengas las ganas de mandarlo todo al carajo. Pero mi sueño es ser periodista, así que habrá que pasar por encima a la sociología, la historia y a todo aquello que venga y punto.


Vuelvo a hacer lo que tengo y no a entretenerme más con palabras y florituras.

viernes, 15 de enero de 2010

In an old train station...

Me encuentro perdida, vagando sin rumbo en medio de la inmensa multitud, espero con ansia la llamada que me diga que el tren que espero se encuentra estacionado en su vía. A lo lejos veo un matrimonio y me fijo, están discutiendo: -Te dije que tu maleta era demasiado grande. Tan sólo nos vamos un fin de semana, ¿para qué quieres tantas cosas?- Oigo decir al marido. La mujer con cara de desesperación y sin ganas de explicaciones solo es capaz de responder: -Por si acaso, cariño.-


En otra esquina de la antigua estación, gris, con piedras enormes  en las cuales se puede disipar el paso del tiempo, observo a un chico alto, rubio que impaciente mira a su reloj; deduzco que se encuentra en la misma situación que yo: esperamos a alguien.


Vuelvo a ausentarme de la realidad y a sumergirme en mi mar de dudas; ¿haré bien esperándole? ¿Seguirá todo igual después de tanto tiempo separados?


Por fin, un sonido atronador para mis tímpanos hace que vuelva a la realidad y despierte de esa ausencia que me producen las dudas. El megáfono de la estación con voz femenina me anuncia que en el andén número 7 acaba de llegar el tren procedente de Brujas, y con él la persona a la que llevo esperando desde hace un año, tres días y siete horas.


De repente me encuentro con su sonrisa y siento sus brazos fuertes rodeándome, mi corazón late con fuerza, todo sigue exactamente igual, vuelvo a darme cuenta que el tiempo se para y que estamos solos él y yo en medio de la inmensa multitud de esta vieja, pero bonita, estación de ferrocarril.

martes, 12 de enero de 2010

Thank you...

Realmente no sé por dónde empezar, bueno, quizá sí, por un GRACIAS con mayúsculas a toda la gente que ha hecho que esta entrada en la nueva década se haya convertido en el mejor cumpleaños de mi vida, pero sobre todo, tengo que darle las gracias a esas tres personitas que forman parte de mi vida desde hace quince meses y sin los cuales creo que no podría vivir.


Desde la sorpresa, el regalo, el cumpleaños feliz en medio de la Macarena, mi Macarena, con todo el mundo mirándome, pero con el mundo, el tiempo, parado por unos momentos, unos minutos que sólo fueron míos, nuestros.


Después las fiestas, los momentos de desfase que creo que hay cosas que sólo hago con vosotros, contigo.


Vuelvo a decir y a afirmar una frase que dice hace unos meses: el alcohol, a veces (siempre) nos juega buenas pasadas. Y cada vez más.


Gracias por estos días tan especiales, gracias por seguir haciendo que me sienta tan importante, gracias por este cumpleaños tan especial, gracias por seguir formando parte de mi vida como siguiera por allí, gracias por vuestros abrazos, besos y cariño, gracias por vuestra amistad, gracias por ser como sois.


Aunque también me tengo que acordar de una personita que hizo que empezara todo derramando lágrimas de felicidad, de orgullo, de satisfacción por ser la persona que soy y no otra y sobre todo que con unas cuantas palabras hizo que me diera cuenta que todo en la vida pasa por algo y que no siempre las cosas son malas. Gracias a ti también por cada una de las palabras que me dedicaste, a mi, sí, tu también me hiciste sentir demasiado especial.


Tengo muy claro que este 7 de enero de 2010 no lo olvidaré nunca y que ese cumpleaños perfecto que siempre me habíais prometido se ha hecho realidad y mucho más de lo que yo imaginaba.


Cuando las palabras sobran… los hechos son lo que importan.


Mil Gracias.