jueves, 3 de marzo de 2011

Stop and Play

Hay veces en la vida que te paras en seco, empiezas a echar la vista atrás y los recuerdos van pasando uno a uno por tu cabeza. Me gustan estos momentos de soledad instantánea en que te colocas los cascos, pones alguna música que te transporte en el tiempo y piensas, tan sólo piensas.

Cuando no tienes ni un segundo libre o más bien cuando pierdes el tiempo en cosas innecesarias es cuando más añoras estos momentos en los que sólo te acompaña la música, tú música.

Sientes cada tono, sientes cada letra y la cantas como si fuera lo último que hicieras y con cada palabra que escuchas, que transmites, te viene un recuerdo, una foto, una imagen o simplemente un momento de felicidad, o también, por qué no, de tristeza.

Definitivamente sí, me gusta la música que me pone melancólica, que me trasporta, que me ausenta del mundo, que hace que por unos minutos sólo sea yo la que esté ahí, la que protagonice el videoclip imaginario, que sueñe, que viva.

Dicen que la música es a veces la mejor compañera y no puedo estar más de acuerdo con esta frase. Si estás triste, te ayuda a desahogarte, a vaciar todo lo malo que tienes dentro de ti y también, claro está, a dejarlo todo atrás y empezar otra vez. Si, por el contrario, estás en un momento dulce, la música te ayuda a que sea aún más dulce.

He vuelto a parar mi vida, hacía mucho que no lo hacía y me estoy dando cuenta lo necesario que era todo esto, sobre todo para pensar y aclarar muchos de los conflictos que hay dentro de mi cabeza.